El enfermo imaginario

El enfermo imaginario

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Escena II

ARGAN (Consigo mismo, muy perplejo).— El médico me ha ordenado que pasee todas las mañanas, aquí mismo, en mi alcoba, de acá para allá, doce veces a un lado y doce al otro; pero se me olvidó preguntarle si los paseos deben ser a lo largo o a lo ancho de la habitación.

ANTONIA.— Señor… Ahí está…

ARGAN.— ¡Habla bajo, pécora! Me aturdes el cerebro, sin tener en cuenta que a los enfermos no se les puede gritar.

ANTONIA.— Quería advertiros de que…

ARGAN.— ¡Qué hables bajo, te digo!

ANTONIA.— Señor… (Gesticula como si hablara).

ARGAN.— ¿Qué?

ANTONIA.— Os decía… (Hace como si hablara).

ARGAN.— Pero ¿qué es lo que dices?

ANTONIA (Alto).— Digo que hay ahí un hombre que quiere hablar con el señor.

ARGAN.— Que pase.

(Antonia hace señas a Cleonte para que se acerque).

CLEONTE.— Señor…

ANTONIA (Burlona).— No habléis tan alto, que le retiemblan los sesos al señor.


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