El enfermo imaginario
El enfermo imaginario LUISA.— ¿Qué queréis, papá?
ARGAN.— Ven acá. Acércate. Levanta los ojos y mÃrame a la cara. ¿A ver?
LUISA.— ¿Qué, papá?
ARGAN.— ¿No tienes nada que contarme?
LUISA.— Os contaré, para entreteneros, el cuento de la piel del burro o la fábula del cuervo y la zorra, que he aprendido hace poco.
ARGAN.— No es eso lo que quiero.
LUISA.— ¿Qué es entonces?
ARGAN.— De sobra sabes tú, granuja, a lo que me refiero.
LUISA.— No sé.
ARGAN.— ¿Es esta tu manera de obedecerme?
LUISA.— ¿En qué?
ARGAN.— ¿No te encargué que vinieras inmediatamente a contarme todo lo que vieras?
LUISA.— SÃ, papá.
ARGAN.— ¿Y lo has hecho?
LUISA.— SÃ, papá. Cuando he visto algo, he venido a contároslo.
ARGAN.— Y hoy, ¿no has visto nada?
LUISA.— No, papá.
ARGAN.— ¿No?
LUISA.— No, papá.
ARGAN.— ¿Seguro?
