El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ANTONIA.— Por Dios, no abandonéis a vuestra sobrina.
BERALDO.— Haré cuanto pueda por el logro de sus deseos.
ANTONIA.— Es preciso impedir ese proyecto extravagante que se le ha metido en la cabeza a vuestro hermano. Yo habÃa pensado que metiendo por medio otro médico que desacreditara al señor Purgon adelantarÃamos mucho; pero como no tenemos de quién echar mano, he inventado una trama que yo misma voy a representar.
BERALDO.— ¿Tú?
ANTONIA.— Una farsa que acaso dé buen resultado. Vos trabajad por vuestra parte y yo por la mÃa. Ya vuelve.
