El enfermo imaginario
El enfermo imaginario BERALDO.— ¿La gran desgracia de no tomar la ayuda recetada por Purgon…? Te vuelvo a repetir otra vez: ¿no habrá manera de curarte de la enfermedad de los médicos y de vivir bajo un continuo chaparrón de recetas?
ARGAN.— Hablas como un hombre que está sano; si estuvieras en mi lugar usarÃas otro lenguaje. Es muy cómodo perorar contra la medicina cuando se está bueno.
BERALDO.— Pero ¿cuál es tu enfermedad?
ARGAN.— Conseguirás sacarme de mis casillas. ¡Ojalá tuvieras tú lo que yo tengo; ya verÃamos si entonces te burlabas como ahora! ¡Ah! Aquà viene el señor Purgon.