El médico a palos
El médico a palos ANDREA.— ¡Ay, señor amo! Que aunque el medico sea un pozo de ciencia, me parece a mi que no haremos nada.
D. JERÓNIMO.— ¿Por qué?
ANDREA.— Porque doña Paulita no ha menester médicos, sino marido, marido: eso la conviene, lo demás es andarse por las ramas. ¿Le parece a usted que ha de curarse con ruibarbo, y jalapa, y tinturas, y cocimientos, y potingues, y porquerÃas, que no se como no ha perdido ya el estomago? No, señor, con un buen marido sanara perfectamente.
LUCAS.— Vamos, calla, no hables tonterÃas.
D. JERÓNIMO.— La chica no piensa en eso. Es todavÃa muy niña.
ANDREA.— ¡Niña! Si, cásela usted y vera si es niña.
D. JERÓNIMO.— Más adelante no digo que…
ANDREA.— Boda, boda, y aflojar el dote, y…
D. JERÓNIMO.— ¿Quieres callar, habladora?
ANDREA.— Aparte: Allà le duele…
Y despedir médicos y boticarios, y tirar todas esas pócimas y brebajes por la ventana, y llamar al novio, que ése la pondrá buena.
D. JERÓNIMO.— ¿A que novio, bachillera impertinente? ¿En dónde está ese novio?
