El médico a palos
El médico a palos BARTOLO.— ¡Válgale Dios, y que duro está este tronco! El hacha se mella toda, y él no se parte…
(Corta leña de un árbol inmediato al foro; deja después el hacha arrimada al tronco, se adelanta hacia el proscenio, siéntase en un peñasco, saca piedra y eslabón, enciende un cigarro y se pone a fumar).
¡Mucho trabajo es éste!… Y como hoy aprieta el calor, me fatigo y me rindo y no puedo más… Dejémoslo y será lo mejor, que ahà se quedara para cuando vuelva. Ahora vendrá bien un rato de descanso y un cigarrillo, que esta triste vida otro la ha de heredar… Ahà viene mi mujer. ¿Qué traerá de bueno?
MARTINA.— (Sale por el lado derecho del teatro). Holgazán, ¿qué haces ahà sentado, fumando sin trabajar? ¿Sabes que tienes que acabar de partir esa leña y llevarla al lugar, y ya es cerca de mediodÃa?
BARTOLO.— Anda, que si no es hoy será mañana.
MARTINA.— Mira que respuesta.
BARTOLO.— Perdóname, mujer. Estoy cansado, y me senté un rato a fumar un cigarro.
MARTINA.— ¡Y que yo aguante a un marido tan poltrón y desidioso! Levántate y trababa.
BARTOLO.— Poco a poco, mujer; si acabo de sentarme. MARTINA. Levántate.