El Misántropo
El Misántropo ¿Pero esa rectitud que exigÃs en todo, ese pleno derecho en que os encerráis, lo encontráis aquà en lo que amáis? Por mi parte, me asombro de que estando al parecer tan reñidos vos y el género humano, pese a cuanto os lo puede hacer aborrecible hayáis buscado en él lo que os encanta a los ojos; y lo que me sorprende más todavÃa es la extraña elección a que vuestro corazón se entrega. La sincera Elianta tiene inclinación por vos, la gazmoña Arsinoe os mira con ojos muy tiernos; y sin embargo vuestra ,alma se niega a sus afanes, mientras que la retiene en sus lazos Celimena, cuya coqueterÃa y maldiciente. espÃritu parecen acomodarse tan bien a las costumbres del momento. ¿A qué se debe que, teniéndoles un odio mortal, las soportéis en esta bella? ¿No son ya defectos en tan dulce persona? ¿No los veis? ¿0 los excusáis?
ALCESTE
No, mi amor por esa joven viuda, no me cierra los ojos sobre los defectos que le encuentran, y, pese a la gran pasión que me inspira, soy el primero en notarlos asà como-en condenarlos. Pero con todo esto, y por mucho que haga, confieso mi debilidad, tiene el arte de seducirme: vano es que vea sus defectos y vano que los reprenda; se hace amar a despecho de todo; triunfa su gracia; y sin duda mi pasión podrá purgar su alma de los vicios de la época.
FILINTO