El Misántropo
El Misántropo Señor, es demasiado honor el que queréis hacerme; pero la amistad exige un poco más de misterio y es ciertamente profanar su nombre, querer ubicarlo en toda ocasión. Tal unión quiere nacer con conocimiento y gusto; antes de ligarnos, preciso es conocernos mejor; podrÃamos tener temperamentos que nos hicieran arrepentirnos a ambos del negocio.
ORONTE
¡Vive Dios!, eso es hablar como discreto y por ello os estimo más todavÃa: esperemos, pues, que anude el tiempo tan dulces lazos; pero entretanto me pongo enteramente a vuestras órdenes: si es preciso hacer alguna diligencia en favor vuestro en la corte, sabido es que soy alguien para el Rey; me escucha, y ¡a fe mÃa!, en todo procede conmigo lo más gentilmente del mundo. En fin, soy vuestro de todos modos; y como vuestra inteligencia tiene grandes luces, para dar comienzo entre nosotros a ese amable lazo, vengo a mostraros un soneto que he hecho hace poco, y a saber si está bien que me arriesgue a publicarlo.
ALCESTE
Señor, no soy competente para dilucidar tal cuestión; os ruego que me dispenséis.
ORONTE
¿Por qué?
ALCESTE