El Misántropo
El Misántropo Cierto, para un enamorado, la galanterÃa es bonita, y me tratáis con ella de persona honrada. ¡Y bien! Para quitaros semejante preocupación, me desdigo aquà de todo cuanto he dicho y nadie podrá engañaros en adelante fuera de vos mismo: estáis satisfecho.
ALCESTE
¡Pardiez! ¡Por qué tendré que amaros! ¡Ah, si reconquisto mi corazón de entre vuestras manos, bendeciré al Cielo por esa rara dicha! Yo no me rindo, hago cuanto puedo para romper la terrible esclavitud de este corazón; pero hasta ahora nada han conseguido mis mayores esfuerzos, pues es por mis pecados que os amo asÃ.
CELIMENA
Es cierto, vuestra pasión por mà no reconoce igual.
ALCESTE
SÃ, en esa materia puedo desafiar al mundo entero. Mi amor no puede concebirse, y nadie amó, jamás, señora, como yo amo.
CELIMENA
En efecto, vuestro método es totalmente nuevo, porque amáis a las gentes para reñirlas; vuestra pasión sólo se manifiesta en palabras enfadosas, y nunca se ha visto amor más malhumorado.
ALCESTE