El Misántropo
El Misántropo ¡Qué mujer pobre de espÃritu y dura de palabra! Cuando viene a verme padezco un martirio: hay que sudar contÃnuamente buscando qué decirle y la esterilidad de su expresión hace morir sin remedio cualquier plática. En vano para atacar su estúpido silencio os acogéis a todos los lugares comunes: el buen tiempo y la lluvia, el calor y el frÃo son reservas que agotáis con ella en seguida. Mientras tanto su visita, ya de por sà insoportable, se eterniza en una duración aterradora y podéis preguntar la hora y bostezar veinte veces, que ella se va a mover tanto como un poste.
ACASTO
¿Qué os parece Adrasto?
CELIMENA
¡Ah, qué orgullo sin lÃmites! Es un hombre hinchado de amor propio. Jamás está satisfecho de la corte su mérito: hace profesión de despotricar contra ella cada dÃa, y no se concede empleo, carga ni beneficio sin ser injusto con todo lo que él se cree.
CLITANDRO
¿Y qué decÃs del joven Cleón, cuya casa frecuenta ahora nuestra mejor sociedad?
CELIMENA
Que hace méritos con su cocinero y que es su mesa la que se visita.
ELIANTA