El Misántropo
El Misántropo Ya veis, quiere que os entretenga mientras espero un momento que llegue mi carroza; y jamás pudo ofrecerme toda su amabilidad nada que me resultara más encantador que semejante plática. En verdad las gentes de un mérito sublime conquistan el amor y la estimación de todos; y el vuestro tiene sin duda secretos hechizos que interesan mi corazón en cuanto os interesa. Quisiera que, con favorable mirada, hiciera la corte mayor justicia a cuanto valéis: tenéis de qué quejaros y me encolerizo cuando veo que nunca se hace nada por vos.
ALCESTE
¿Yo, señora? ¿Y qué podrÃa pretender yo? ¿Qué servicio me han visto prestar al Estado? ¿Qué he hecho, por favor, de tan brillante en sÃ, para quejarme de que no se haga nada por mà en la corte?
ARSINOE
No todos aquellos a quienes la corte mira con buenos ojos han prestado servicios tan principales. Necesarios son la ocasión y el poder; y en fin, el mérito que nos demostráis, deberÃa...
ALCESTE
¡Dios mÃo! Dejemos, por favor, mi mérito; ¿de qué queréis que se ocupe la corte? TendrÃa mucho que hacer y grandes serÃan sus tareas si se propusiera desenterrar el mérito de las gentes.
ARSINOE