El Misántropo
El Misántropo No: por mucho que digáis y por buenas que sean vuestras razones, nada puede apartarme de lo que digo: excesiva perversidad reina en nuestro siglo y quiero salir de la sociedad de los hombres. ¿Qué? ¿Ha de coaligarse contra mà todo a la vez, el honor, la probidad, el pudor y las leyes? Se habla en todas partes de la equidad de mi causa; mi alma reposa en la seguridad de mi derecho; y sin embargo, véome frustrado en mis esperanzas: ¡la justicia es mÃa y pierdo mi proceso! ¡Un traidor, de quien se conoce la escandalosa historia, sale triunfante por medio de una falsedad negra! ¡La buena fe cede totalmente a su alevosÃa! ¡Me degüella y encuentra medio de tener razón! ¡El peso de su hipocresÃa, en la que brilla la astucia, da vuelta la justicia y derriba el derecho! ¡Hace legalizar con una sentencia su fechorÃa! ¡Y no contento aún de la injusticia que se me hace, el infame tiene el descaro de darme como autor de un libro abominable que circula entre la gente, un libro cuya lectura misma es condenable y que merece todas las penas! ¡Y vemos a Oronte que murmura al respecto, tratando malignamente de apoyar la impostura! ¡Él, que tiene en la corte rango de hombre principal, a quien nada he hecho fuera de manifestármele sincero y franco, que viene con apremiante ardor a pedirme, a pesar mÃo, mi opinión sobre unos versos que ha hecho; y porque le hablo con honestidad sin querer traicionar ni a la verdad ni a él, ayuda a abrumarme con un crimen imaginario! ¡Helo ahà convertido en mi mayor enemigo! ¡Y jamás podrá perdonarme su corazón el no haber encontrado que fuera bueno su soneto! ¡Y asà están hechos los hombres, pardiez! ¡A tales acciones los induce la gloria! ¡He aquà la buena fe, el virtuoso celo, la justicia y el honor que entre ellos se encuentran! Vamos, es demasiado soportar que nos castiguen: salgamos de este bosque, de esta madriguera. Puesto que vivÃs asÃ, como verdaderos lobos, nunca en mi vida me tendréis entre vosotros, traidores.