Tartufo
Tartufo ORGON: Buenos días, hermano.
CLEANTO: Ahora salía yo; alegróme de veros volver, en este tiempo la campiña no está muy floreciente.
ORGON: Dorina… Os ruego que esperéis, cuñado. Permitidme que, para salir de inquietudes, me informe de las noticias de casa. ¿Han pasado bien estos dos días? ¿Qué ha habido en la familia y cómo andan todos?
DORINA: La señora anteayer, estuvo con fiebre hasta la noche y con un dolor de cabeza como no podéis imaginaros.
ORGON: ¿Y Tartufo?
DORINA: ¿Tartufo? Muy bien. Gordo y lucido, con buen color y la boca muy encarnada.
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: Por la noche la señora no pudo probar la cena. ¡Le dolía la cabeza tanto!
ORGON: ¿Y Tartufo?
DORINA: Comió solo, delante de vuestra esposa, y engulló muy devotamente dos perdices y media pierna de carnero en salsa.
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: Vuestra esposa pasó toda la noche sin poder cerrar los párpados. La calentura impedíale dormir y hubimos de velarla hasta el alba.
ORGON: ¿Y Tartufo?