Tartufo
Tartufo ORGON: Que aun cuando tú no simpatizases con todos sus otros dones …
DORINA: ¡Hela aquà muy bien servida! Como yo estuviera en su lugar, a buen seguro que no habrÃa hombre que me casara impunemente a la fuerza. SÃ; que no tardarÃa en hacerlo ver, harto presto después de la boda, que una mujer siempre tiene la venganza en la mano.
ORGON (Volviéndose, cruzándose de brazos y mirándola.): ¿Qué? ¿No se hará caso de lo que yo digo?
DORINA: ¿De qué os quejáis? No hablo.
ORGON: ¿Pues qué es lo que haces?
DORINA: Hablo sola.
ORGON: Tan extrema insolencia requiere como castigo un buen revés de la mano. (Toma la actitud de Ir a darle una bofetada. DORINA, a cada mirada que él le dirige, se mantiene silenciosa. ORGON se vuelve hacia su hija). Debes, hija mÃa, aprobar mi designio y creer que el marido que te he elegido… (A DORINA) ¿Qué? ¿No hablas?
DORINA: No tengo nada que decirme.
ORGON: Ea, una palabrita.
DORINA: No se me antoja.
ORGON: Ahà te esperaba, para… (La amenaza).
DORINA: Siendo asÃ, ¿qué tonta hubiese hablado?
ORGON (A MARIANA): En fin, hija mÃa: has de obedecerme y mostrar entera deferencia a tal elección.