Tartufo
Tartufo DORINA: Decidme, ¿habéis perdido el uso de la lengua y he de desempeñar yo vuestro papel? ¿Cómo sufrís que se os proponga tan insensato proyecto sin rechazarlo ni con la menor palabra?
MARIANA: ¿Qué quieres que haga contra un padre tan absoluto?
DORINA: Lo necesario para detener tal amenaza.
MARIANA: ¿Y qué es?
DORINA: Decir que los corazones no aman por los del prójimo; que os casáis para vos y no para él; que puesto que el asunto es cosa vuestra, es a vos y no a vuestro padre a quien debe complaceros vuestro marido; y, en fin, que si tan encantador es para él su Tartufo, bien puede casarse con dl, sin que nadie se lo estorbe.
MARIANA: Confieso que un padre tiene sobre nosotros tanto imperio que no he hallado fuerzas para decir nada.
DORINA: Razonemos. Valerio ha dado pasos por vos. ¿Le amáis o no le amáis? Decidme.
MARIANA: ¡Cuán grande es tu injusticia hacia mi amor! ¡Hacerme tú esa pregunta, Dorina! ¿No te he abierto mi corazón cien veces y no salbes por él hasta dónde llega mi llama?
DORINA: ¿Qué sé yo si vuestro corazón ha hablado por vuestra boca y si ese amante os conmueve en efecto?
