Tartufo
Tartufo DAMIS: Así me parta un rayo y se me tenga por el mayor de los belitres si hay respeto ni poder que me contenga y si no hago algo sonado.
DORINA: Moderad tal arrebato, que vuestro padre no ha hecho sino hablar, y no siempre se ejecuta cuanto se piensa; que es largo el camino del dicho al hecho.
DAMIS: Menester es que ataje yo las intrigas de ese necio y le diga al oído unas palabras.
DORINA: Calmaos. Vale más que, con él y con vuestro padre, dejéis obrar a vuestra madrastra, que tiene algún crédito sobre el ánimo deTartufo. Siempre él se muestra complaciente con cuanto ella dice, y bien puede ser que tenga el corazón enternecido por la señora. ¡Pluguiese a Dios que ello fuera cierto! Vuestro interés, en fin, la obliga a mandarle llamar, porque ella desea sondearle sobre el casamiento que os turba, conocer sus sentimientos y hacerle saber los graves contratiempos que puede suscitar el que él ponga alguna esperanza en tal designio. El mozo de Tartufo dice que su señor está orando, por lo que no he podido verle, mas también el mismo mozo me ha dicho que Tartufo va a bajar muy luego. Marchaos, pues, os lo pido, y dejadme esperarle.
DAMIS: Debo estar presente en esa plática.
DORINA: No. Es menester que traten a solas.
DAMIS: No diré nada.
