Tartufo
Tartufo TARTUFO (Viendo a DORINA): Guardad, Lorenzo, mi disciplina y cilicio y orad porque el Cielo os ilumine siempre. Decid, si alguien me busca, que he ido a repartir limosnas entre los presos.
DORINA: ¡Cuánta afectación y cháchara!
TARTUFO (A DORINA): ¿Qué queréis?
DORINA: Deciros …
TARTUFO (Sacando un pañuelo del bolsillo): ¡Oh Dios mÃo! Hacedme la merced, Dorina, de tomar este pañuelo antes de hablarme.
DORINA: ¿Para qué?
TARTUFO: Para cubriros ese seno, cuya vista no puedo soportar. Cosas asà lesionan las almas y hacen nacer culpables pensamientos.
DORINA: Fácil sois a las tentaciones. ¿Tanta impresión causa la carne sobre vuestros sentidos? Ya, veo que os sube no sé que calor a la cara. Mas yo no soy tan pronta en anhelar y podrÃa veros desnudo de arriba abajo sin que me tentase vuestra piel.
TARTUFO: Hablad con un tanto más de recato si no queréis que me aleje.
DORINA: Yo soy quien os dejo tranquilo, que sólo he de deciros dos palabras. La señora va a descender a esta sala y os pide la gracia de una conversación.
TARTUFO: Muy de mi agrado.
