Tartufo
Tartufo TARTUFO: El Cielo os sea siempre propicio, os dé salud de cuerpo y de alma y bendiga vuestros dÃas tanto como lo desea el más humilde de aquellos que viven inspirados por el celestial amor.
ELMIRA: Muy agradecida quedo a ese piadoso deseo. Pero tomemos una silla para estar mejor.
TARTUFO: ¿Os sentÃs repuesta de vuestro mal?
ELMIRA: Del todo. La fiebre pasó muy pronto.
TARTUFO: No tienen mis plegarias el mérito que es menester para haber atraÃdo esa gracia de lo alto; mas dÃgoos que no he hecho al Cielo ninguna devota instancia que no haya tenido por objetivo vuestra convalecencia.
ELMIRA: Ciertamente vuestro celo se ha interesado en exceso por mÃ.
TARTUFO: Nunca hay exceso en anhelar vuestra cara salud y por restablecerla gustoso hubiese dado la mÃa.
ELMIRA: Eso es llevar muy lejos la caridad cristiana. Mucho os agradezco tantas bondades.
TARTUFO: Harto menos hago por vos de lo que merecéis.
ELMIRA: He querido hablaros en secreto de un negocio y me contenta en extremo que nadie nos aceche.
