Tartufo
Tartufo TARTUFO (Saliendo del cuartito contiguo, adonde se había retirado.): No, señora, no: el caso debe manifestarse. Yo estaba en ese lugar y lo he oído todo. Parece la bondad del Cielo haberme conducido ahí para confundir el orgullo de un traidor, al que aborrezco, para abrirme el camino de tomar venganza de su hipocresía e insolencia, para desengañar a mi padre y mostrarle a su plena luz el alma del malvado que os hablaba de amor.
ELMIRA: No, Damis; basta que se torne más discreto y procure merecer la gracia a que me obligo. Pues la he ofrecido, no me desdigo de ella, que no gusto de hacer alborotos. Una mujer debe reír de semejantes necedades y no turbar con ellas los oídos de su marido.
DAMIS: Vos tenéis vuestras razones para obrar así y yo tengo las mías para proceder de otro modo. Querer encubrir a este hombre es locura, que harto el insolente orgullo de su gazmoñería ha triunfado de mi justo enojo, y hartos desórdenes ha excitado en casa. Largo tiempo ha que este pícaro gobierna a mi padre y perjudica mi amor y el de Valerio. Menester es que mi padre se desengañe del pícaro y el Cielo me da para eso un medio fácil. Mucho agradezco a Dios esta ocasión, asaz favorable para desaprovecharla. Sería merecer que se me arrebatara si, teniéndola en la mano, no la utilizare.
ELMIRA: Damis…
