Tartufo
Tartufo ORGON: ¡Ofender asà a un hombre tan santo!
TARTUFO: ¡Perdónale, oh Cielo, el dolor que me causa! (A ORGON). Si pudieseis saber con cuanto disgusto veo cómo se trata de afear mi conducta ante mi hermano…
ORGON: ¡Ah!
TARTUFO: Tan sólo pensar en esa ingratitud hace sufrir a mi alma rudo suplicio. ¡Oh, que horror concibo! Tengo tan oprimido el corazón que ni hablar puedo y temo estar a punto de morir.
ORGON (Rompiendo en lágrimas y precipitándose hacia la puerta por donde ha hecho salir a su hijo.): ¡Miserable! Me arrepiento de no haberte hecho justicia por mi mano matándote aquà mismo. (A TARTUFO). Tranquilizaos, hermano, y no os incomodéis.
TARTUFO: interrumpamos, interrumpamos estas importunas querellas. Ya veo cuán grandes disturbios produzco aquà y creo menester dejar vuestra casa, hermano.
ORGON: ¡Cómo! ¿Bromeáis?
TARTUFO: Se me aborrece y bien veo que se quiere haceros sospechar de mi lealtad.
ORGON: ¿Qué importa? ¿Acaso halláis que las escuche mi corazón?
TARTUFO: Sin duda se proseguirá en la obra, y los mismos relatos que ahora rechazáis pueden ser aceptados en otra ocasión.
