Tartufo
Tartufo TARTUFO: Me han dicho que querÃais hablarme en este lugar.
ELMIRA: SÃ. He de revelaros ciertos secretos. Pero abrid esa puerta y mirad bien, por prevenir sospechas; que un asunto parecido al de ha poco no es seguramente lo que nos conviene. Nunca se ha visto sorpresa semejante, y Damis me ha hecho sentir mucho temor por vos. Bien visteis que hice todos los esfuerzos que pude para quebrantar su designio y calmar sus arrebatos. En verdad tan turbada estuve que no le acerté a desmentir; mas, gracias al Cielo, todo ha terminado bien y las cosas ahora están en más seguridad. La estima de que gozáis ha disipado la tormenta y mi marido no tiene recelo alguno al extremo que, para mejor desafiar los juicios malévolos, desea que vos y yo andemos juntos en todo instante. Por eso puedo, sin temor de ser criticada, hallarme aquÃ, encerrada, a solas con vos, y ello me autoriza a abriros mi corazón, acaso inclinado en demasÃa a tolerar vuestros ardores.
TARTUFO: DifÃcil es comprender ese lenguaje, señora, pues ha bien poco hablabais de otra manera.
