Tartufo
Tartufo DAMIS: ¿Acaso voy a tolerar que un hipócrita redomado como ése venga a ejercer en nuestra casa un poder tiránico, sin poder ocuparnos en nada si ese buen señor no se digna consentirlo?
DORINA: Si fuéramos a escuchar y creer sus máximas, no se podría hacer nada sin cometer un crimen, porque ese celoso criticón métese en todo.
PERNELLE: Bien metido está en cuanto se mete, porque pretende conducirnos por el camino del Cielo. Mi hijo debía induciros a que le amaseis.
DAMIS: No hay, abuela, padre ni nadie que pueda obligarme a quererle. Hablando de otro modo traicionaría lo que siento. Su forma de obrar me enoja y preveo que acabaré teniendo algo muy soñado con él.
DORINA: Como que es cosa que escandaliza ver a un desconocido hacerse dueño de la casa propia. Mucho enfada que un pordiosero que no traía ni zapatos cuando vino, y toda cuya ropa no valía seis dineros, llegue a olvidar quién es y procure contrariarlo todo y obrar como señor.
PERNELLE: Mucho mejor iría esta casa si las cosas discurriesen según sus pías disposiciones.
DORINA: Vos le juzgáis un santo, pero creedme que toda su conducta es hipocresía.
PERNELLE: ¡Tened la lengua!
DORINA: Pues yo, ni en él ni su Lorenzo querría fiar a no ser con garantía muy buena.
