Tartufo
Tartufo PERNELLE: Terribles secretos he sabido aquÃ.
ORGON: Mis ojos han sido testigos de esas novedades. Ya veis el precio con que se pagan mis cuidados. Recojo a un hombre en su miseria, le albergo y tengo como mi propio hermano, le colmo de beneficios todos los dÃas, le doy una hija y toda mi hacienda, y a la vez el pérfido e infame forma el negro propósito de seducir a mi mujer. Y, no contento aún con esas vilezas, osa amenazarme con mis propios beneficios, empleando, en ruina mÃa, las ventajas de que le han provisto mis imprudentes bondades. Pues piensa, en verdad, privarme de los bienes que le he transferido y reducirme a la condición de que yo le retiré.
DORINA: ¡Pobre hombre!
PERNELLE: No puedo creer, hijo mÃo, que Tartufo haya cometido una acción tan negra.
ORGON: ¿Eh?
PERNELLE: A los hombres honrados siempre se les envidia.
ORGON: ¿Qué queréis decir con esos discursos, madre mÃa?
PERNELLE: Que en vuestra casa se vive de modo singular y bien sabemos el odio que por Tartufo se abriga.
