El Burlador de Sevilla
El Burlador de Sevilla De él os traigo una embajada.
OCTAVIO:
Marqués, no me inquieta nada.
Decid, que aguardando estoy.
PEDRO:
A prenderos me ha enviado
el rey. No os alborotéis.
OCTAVIO:
¿Vos por el rey me prendéis?
Pues, ¿en qué he sido culpado?
PEDRO:
Mejor lo sabéis que yo,
mas, por si acaso me engaño,
escuchad el desengaño,
y a lo que el rey me envió.
Cuando los negros gigantes,
plegando funestos toldos
ya del crepúsculo huían,
unos tropezando en otros,
estando yo con su alteza,
tratando ciertos negocios,
porque antípodas del sol
son siempre los poderosos,
voces de mujer oímos,
cuyos ecos medio roncos,
por los artesones sacros
nos repitieron “¡Socorro!”