El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado nos coge dentro, por Dios que recelo algún peligro.
LISANDRO ¿No es un hombre solo?
OCTAVIO Sí.
LISANDRO No le temo ni le estimo.
(Sale CELIA leyendo un papel y LIDORA con recado de escribir.)
CELIA Bien escrito está el papel.
LIDORA Es discreto Severino.
CELIA Pues no se le echa de ver notablemente.
LIDORA ¿No has dicho que escribe bien?
CELIA Sí, por cierto;
la letra es buena; esto digo.
LIDORA Ya entiendo. La mano y pluma son de maestro de niños.
CELIA Las razones, de ignorante.
OCTAVIO Llega, Lisandro, atrevido.
LISANDRO Hermosa es, por vida mía. Muy pocas veces se ha visto
belleza y entendimiento tanto en un sujeto mismo.
LIDORA Dos caballeros, si ya se juzgan por el vestido, han entrado.
CELIA ¿Qué querrán?
LIDORA Lo ordinario.
OCTAVIO (A LISANDRO.) Ya te ha visto.
CELIA ¿Qué mandan vuestras mercedes?
LISANDRO Hemos llegado atrevidos, porque en casa de poetas y de señoras no ha sido vedada la entrada a nadie.