El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado ¡bendito seas mil veces,
inmenso Dios, que tanto bien me ofreces!
Aquà pienso servirte,
ya que el mundo dejé para bien mÃo;
aquà pienso seguirte,
sin que jamás humano desvarÃo,
por más que abra la puerta
el mundo a sus engaños, me divierta.
Quiero, Señor divino,
pediros de rodillas, humilmente,
que en aqueste camino
siempre me conservéis piadosamente.
Ved que el hombre se hizo
de barro vil, de barro quebradizo. (Entra en una de las grutas.) PEDRISCO (Sale trayendo un haz de leña.)
Como si fuera borrico
vengo de yerba cargado,
de quien el monte está rico;
si esto como, ¡desdichado!,
triste fin me pronostico.
¡Que he de comer hierba yo,
manjar que el cielo crió
para brutos animales!
Deme el cielo en tantos males
paciencia. Cuando me echó
mi madre al mundo, decÃa:
«Mis ojos santo te vean,