Los ensayos
Los ensayos c | ¿Se trata, pues, de no cometer faltas sino de manera astuta y sutil? Si sabes, dice Carnéades, que una serpiente se esconde en el sitio donde, sin pensarlo, va a sentarse aquel de cuya muerte esperas obtener provecho, actúas mal si no le adviertes; y tanto más cuanto tu acción no debe ser conocida más que por ti mismo.[19] Si no sacamos de nosotros mismos la ley de obrar bien, si la impunidad nos resulta justicia, ¡a cuántas clases de maldad tenemos que abandonarnos cada dÃa! Lo que hizo S. Peduceo, devolver fielmente la parte de sus riquezas que G. Plotio le habÃa confiado a él solo,[20] y lo que he hecho yo a menudo del mismo modo, no me parece tan digno de elogio como me parecerÃa execrable que hubiésemos dejado de hacerlo. Y me parece bueno y útil recordar en nuestros dÃas el ejemplo de P. Sextilio Rufo, al que Cicerón acusa por haber asumido una herencia en contra de su conciencia, no ya sin objeción de las leyes, sino por ellas mismas.[21] Y M. Craso y Q. Hortensio, que, a causa de su autoridad y poder, fueron llamados por un extraño a la herencia de determinado porcentaje de un testamento falso, para que de este modo él asegurara su parte, se contentaron con no participar en la falsedad y no rehusaron sacar provecho, bastante cubiertos si se mantenÃan al abrigo de las acusaciones, los testigos y las leyes.[22] Meminerint Deum se habere testem, id est, ut ego arbitror, mentem suam[23] [Que se acuerden de que tienen a Dios como testigo, es decir, a mi entender, su propia conciencia].