Los ensayos
Los ensayos c | Cuando Paulo Emilio avanzaba en su gloriosa campaña de Macedonia, advirtió sobre todo al pueblo de Roma que, durante su ausencia, contuviera la lengua sobre sus acciones.[42] ¡Qué gran obstáculo para los grandes asuntos es la libertad de juicio! En efecto, no todo el mundo posee, frente a las voces comunes, contrarias e injuriosas, la firmeza de Fabio, que prefirió dejar que las vanas fantasías humanas desmembraran su autoridad a desempeñar peor su cargo con reputación favorable y aprobación popular.[43] b | Sentirse alabado posee no sé qué dulzura natural, pero le concedemos demasiado:
Laudari haud metuam, neque enim mihi cornea fibra est;
sed, recti finemque extremumque esse recuso
euge tuum et belle.[44]
[No temeré que me alaben, ni mi fibra es de cuerno; pero niego que el límite y el colmo de lo recto sea tu «¡Bravo!» y tu «¡Magnífico!»].