Los ensayos
Los ensayos a | Tal pensamiento no me hacÃa arrugar la frente más que otro cualquiera. Es imposible que al comienzo no sintamos punzadas por estas figuraciones. Pero, a la larga, manejándolas y repasándolas, sin duda uno se familiariza con ellas. De lo contrario, yo estarÃa continuamente asustado y frenético. En efecto, jamás nadie se fió menos de su vida, jamás nadie dio menos por descontada su duración. Ni la salud, que hasta ahora he disfrutado muy vigorosa, y pocas veces interrumpida, prolonga mis esperanzas, ni las enfermedades me las recortan. A cada minuto me parece que me escapo. c | Y me repito sin descanso: «Todo lo que puede hacerse otro dÃa, puede hacerse hoy». a | A decir verdad, los riesgos y peligros nos acercan poco o nada a nuestro fin; y, si pensamos en cuántos millones más penden todavÃa sobre nuestras cabezas, sin este accidente que parece amenazarnos más, veremos que, sanos o con fiebre, en el mar o en casa, en la batalla o en reposo, la tenemos igualmente cerca.[45] c | Nemo altero fragilior est; nemo in crastinum sui certior[46] [Nadie es más frágil que otro, nadie está más seguro del dÃa de mañana]. a | Para acabar mi tarea antes de morir, todo tiempo me parece corto, aunque sea trabajo para una hora. Alguien, hojeando el otro dÃa mis notas, encontró una memoria de cierta cosa que me gustarÃa que se hiciese tras mi muerte. Le conté, y asà era en realidad, que me encontraba apenas a una legua de casa, y sano y fuerte, cuando me habÃa apresurado a escribirla, porque no estaba seguro de poder llegar hasta ella. c | Como hombre que continuamente me envuelvo con mis pensamientos, y los aplico en mÃ, estoy siempre preparado en la medida que puedo estarlo. Y la llegada de la muerte no me advertirá de nada nuevo.