Los ensayos
Los ensayos Ahora bien, mis opiniones me parecen infinitamente audaces y firmes en la condena de mi incapacidad. En verdad, éste, más que cualquier otro, es también el asunto en el cual ejercito mi juicio. El mundo mira siempre enfrente; yo, por mi parte, repliego mi vista al interior, la fijo y aplico ahÃ. Todos miran delante suyo; yo miro dentro de mÃ. No tengo tratos sino conmigo mismo, me considero incesantemente, me examino, me pruebo. Los demás van siempre a otra parte, si se lo piensan bien; van siempre adelante:
nemo in sese tentat descendere;[126]
[nadie trata de descender en sà mismo];
yo, por mi parte, giro sobre mà mismo.
La capacidad de elegir lo verdadero, a2 | sea la que fuere en mÃ, a | y la libre inclinación de no sujetar fácilmente mi creencia, las debo principalmente a mà mismo. En efecto, mis imaginaciones más firmes y generales son aquellas que, por decirlo asÃ, nacieron conmigo. Son naturales y enteramente mÃas. Las he producido crudas y simples, con una producción audaz y fuerte, pero un poco turbia e imperfecta; después, las he establecido y reforzado con la autoridad de otros, y con los sanos ejemplos[127] de los antiguos, a los cuales me he encontrado conforme en juicio. Éstos me han asegurado la captura, y han hecho que mi goce y posesión fuesen más claros.