Los ensayos
Los ensayos a | Hasta este punto, pues, me siento culpable de la primera parte que, según decía, hay en el vicio de la presunción.[129] En cuanto a la segunda, que consiste en no apreciar lo suficiente a los demás, no sé si puedo excusarme tan bien, pues pienso decir lo que es a toda costa. Quizá mi continuo trato con los humores antiguos y la idea de esas ricas almas del pasado me disgustan de los demás y de mí mismo; o bien en verdad vivimos en un siglo que sólo produce cosas muy mediocres. En cualquier caso, nada conozco digno de gran admiración. Tampoco conozco apenas hombres con la intimidad precisa para poder juzgarlos; y aquéllos a los que mi condición me mezcla con más frecuencia, son en su mayor parte gente que se preocupa poco de la cultura del alma, y a los que no se ofrece otra beatitud que el honor, ni otra perfección que la valentía. Lo que veo hermoso en los demás, lo alabo y aprecio de muy buen grado. A menudo voy incluso más allá de lo que pienso, y me permito mentir hasta ese punto. Porque no soy capaz de inventar un objeto falso. Me gusta dar testimonio de mis amigos por lo que encuentro loable en ellos; y de un pie de valor, me gusta hacer pie y medio. Pero no puedo prestarles cualidades que no tienen, ni defenderlos abiertamente de sus imperfecciones.