Los ensayos
Los ensayos Me ha complacido hacer públicas en muchos sitios mis esperanzas sobre Marie de Gournay le Jars, mi hija de alianza —y ciertamente amada por mà mucho más que paternalmente, e implicada en mi retiro y mi soledad, como una de las mejores cualidades de mi propio ser—. No miro sino a ella en el mundo. Si la adolescencia puede ofrecer presagios, esta alma será algún dÃa capaz de las cosas más bellas, y entre otras de la perfección de la santÃsima amistad a la cual en ningún sitio leemos que su sexo haya podido elevarse todavÃa.[145] La entereza y la solidez de su comportamiento son ya suficientes, su afecto por mà más que sobreabundante, y tal en suma que nada más puede desearse, salvo que la aprensión que tiene por mi fin, habida cuenta los cincuenta y cinco años a los que me ha encontrado, la atormentara menos cruelmente. El juicio que hizo de los primeros Ensayos, mujer, y en este siglo, y tan joven, y sola en su región, y la conocida vehemencia con la cual me amó y deseó durante mucho tiempo a partir únicamente de la estima que concibió por mÃ, antes de verme, es un acontecimiento de muy digna consideración.[146]