Los ensayos
Los ensayos Los placeres más deliciosos se digieren ciertamente por dentro, evitan dejar huella y escapan a la vista no sólo del pueblo sino del otro. ¡Cuántas veces esta tarea me ha distraÃdo de pensamientos fastidiosos! —y deben contarse como fastidiosos todos los frÃvolos—. La naturaleza nos ha provisto de una amplia facultad para mantenernos aparte, y nos llama con frecuencia a hacerlo para enseñarnos que nos debemos en alguna medida a la sociedad, pero en la mejor a nosotros mismos. Para obligar a mi fantasÃa a que incluso divague con cierto orden y plan, y para evitar que se pierda y extravÃe en el viento,[12] no hay más que dar cuerpo a todos esos pensamientos menudos que se le presentan, y registrarlos. Escucho mis divagaciones porque tengo que transcribirlas. ¡Cuántas veces, pesaroso por alguna acción que la cortesÃa y la razón me prohibÃan censurar al descubierto, me he desahogado aquà de ella, no sin propósito de pública instrucción! Y, de cierto, estos azotes poéticos,
Zon dessus l’oeuil, zon sur le groin,
zon sur le dos du Sagouin![13]
[¡Zas en el ojo, zas en el hocico, zas en la espalda del mono!],