Los ensayos
Los ensayos Es indudable que en los primeros tiempos en que nuestra religión empezó a adquirir autoridad merced a las leyes, el celo armó a muchos contra toda suerte de libros paganos, a resultas de lo cual la gente de letras sufre una extraordinaria pérdida. Considero que tal desorden fue más nocivo para las letras que todos los fuegos de los bárbaros.[1] Cornelio Tácito es una buena prueba de ello. En efecto, pese a que su pariente, el emperador Tácito, pobló con su obra, por órdenes expresas, todas las bibliotecas del mundo, ni un solo ejemplar íntegro pudo escapar a las minuciosas pesquisas de quienes deseaban abolirlo por cinco o seis vanas frases contrarias a nuestra creencia.[2] Además, prodigaron falsas alabanzas a todos los emperadores que actuaban a nuestro favor, y condenaron en general todas las acciones de quienes eran adversarios nuestros, como se ve fácilmente en el emperador Juliano, llamado el Apóstata.[3]