Los ensayos
Los ensayos Nuestro máximo placer tiene cierto aire de gemido y lamento. ¿No dirÃas que aquélla se muere de angustia? Aunque lo imaginemos en su excelencia, lo maquillamos con epÃtetos y calificativos enfermizos y dolorosos: languidez, blandura, debilidad, desmayo, morbidezza [morbidez] —buena prueba de su consanguinidad y consustancialidad—. c | El gozo profundo tiene más de severidad que de alegrÃa; la satisfacción máxima y completa es más serena que festiva. Ipsa felicitas, se nisi temperat, premit[5] [La misma felicidad, si no se modera, resulta opresiva]. La dicha nos hiere. a | Lo dice un antiguo versecillo griego que tiene este sentido: «Los dioses nos venden todos los bienes que nos acuerdan».[6] Es decir, no nos dan ninguno que sea puro y perfecto, y que no adquiramos a expensas de algún mal.