Los ensayos
Los ensayos a | Sin embargo, la flaqueza de nuestra condición nos empuja con frecuencia a la necesidad de valernos de medios malos para alcanzar un buen fin. Licurgo, el más virtuoso y perfecto legislador que nunca ha existido, inventó una manera muy injusta de instruir a su pueblo en la templanza. HacÃa embriagarse a la fuerza a los hilotas, que eran sus esclavos, para que, viéndolos perdidos y sepultados en el vino, los espartanos sintieran horror por el desbordamiento de este vicio.[13] Aún más injustos eran quienes permitÃan antiguamente que los criminales, sin importar la clase de muerte a la que estaban condenados, fuesen desgarrados vivos por los médicos, para observar al natural nuestros órganos interiores y establecer más certeza en su arte.[14] Porque si hay que caer en el desenfreno, es más excusable hacerlo por la salud del alma que por la del cuerpo. AsÃ, los romanos habituaban al pueblo a la valentÃa y al desprecio de los peligros y de la muerte mediante aquellos furiosos espectáculos de gladiadores y de espadachines a muerte, que se enfrentaban, acuchillaban y mataban mutuamente en su presencia:
b | Quid uesani aliud sibi uult ars impia ludi,
quid mortes iuuenum, quid sanguine pasta uoluptas?[15]
[¿Qué otro objeto puede tener el impÃo arte de este juego desquiciado,