Los ensayos
Los ensayos Existen infinitos ejemplos de su lealtad. No debe olvidarse el gesto de quienes sufrieron asedio en Salone, ciudad favorable a César y contraria a Pompeyo, por el singular acontecimiento que ocurrió. Marco Octavio los mantenía cercados. Los del interior se veían reducidos a una extrema necesidad de todo, de manera que para suplir la carencia de hombres, pues la mayor parte estaban muertos o heridos, habían puesto en libertad a todos sus esclavos, y para el servicio de sus ingenios se habían visto obligados a cortar los cabellos de todas las mujeres a fin de hacer cuerdas. Sufrían además una extraordinaria carestía de víveres. Pero, pese a todo, estaban decididos a no rendirse jamás. Tras haber arrastrado este asedio mucho tiempo, con lo cual Octavio se había vuelto más despreocupado y menos atento a su empresa, eligieron un mediodía, apostaron a mujeres y niños sobre las murallas para salvar las apariencias, y salieron con tal furia contra los sitiadores que no sólo arrollaron al primero, al segundo y al tercer cuerpo de guardia, y al cuarto y luego al resto, e hicieron abandonar por completo las trincheras, sino que los echaron hasta los navíos; y el mismo Octavio se salvó en Durazzo, donde se hallaba Pompeyo.[64] No recuerdo, en este momento, haber visto ningún otro ejemplo en el cual los sitiados derroten en conjunto a los sitiadores y se hagan con el dominio del campo, ni de que una salida haya tenido como consecuencia una pura y completa victoria en la batalla.