Los ensayos
Los ensayos a | Algunos atribuyen a la fuerza de la imaginación las cicatrices del rey Dagoberto y de san Francisco.[15] Se dice que en ciertas ocasiones los cuerpos son transportados de un sitio a otro. Y Celso cuenta de un sacerdote que arrebataba su alma en un éxtasis tal que su cuerpo permanecía durante mucho tiempo sin respiración ni sensibilidad.[16] c | San Agustín menciona a otro que, sólo con hacerle oír gritos lastimeros y quejumbrosos, se desmayaba al instante, y se transportaba tan vivamente fuera de sí que era inútil agitarlo, gritarle, pellizcarle y quemarlo, hasta que resucitaba. Entonces decía haber oído voces, pero como si viniesen de lejos, y se daba cuenta de las quemaduras y contusiones.
Y que no se trataba de una obstinación adrede en contra de su sensibilidad lo mostraba que, mientras tanto, no tenía pulso ni aliento.[17]