Los ensayos
Los ensayos [el paso de los carruajes por los estrechos recodos de las calles];
a | le han entreabierto la ventana, se ha acostado sobre el lado izquierdo, o se le ha pasado por la cabeza algún pensamiento triste; en suma, una palabra, un sueño, una mirada, les parece excusa suficiente para descargarse de culpa—; o bien, si lo quieren así, se valen incluso del empeoramiento, y se aprovechan de él con otro medio que jamás puede fallarles: respondernos, cuando la enfermedad se aviva a causa de sus emplastos, asegurándonos que, de no ser por sus remedios, habría empeorado mucho más. Aquel al que han arrojado de un catarro a una fiebre cotidiana, sin ellos la habría padecido continua. No temen cumplir mal sus obligaciones, puesto que el daño les redunda en beneficio. Ciertamente, hacen bien al requerir del enfermo una disposición favorable de su creencia.[49] Debe, en verdad, serlo seriamente, y muy maleable, para aplicarse a fantasías tan difíciles de creer. b | Platón decía con gran acierto que sólo a los médicos les correspondía mentir en plena libertad,[50] pues nuestra salud depende de la vanidad y la falsedad de sus promesas.