Los ensayos
Los ensayos Antes de la guerra del Peloponeso, no había grandes noticias de esta ciencia. Hipócrates le confirió autoridad. Todo lo que él había establecido, Crisipo lo echó por tierra; después Erasístrato, nieto de Aristóteles, derribó todo lo que Crisipo había escrito. Tras éstos, aparecieron los empíricos, que siguieron una vía muy distinta a la de los antiguos en el manejo de este arte. Cuando la autoridad de estos últimos empezó a declinar, Herófilo puso en marcha otra suerte de medicina, que Asclepiades a su vez combatió y aniquiló. En su momento ganaron autoridad las opiniones de Temisión, y después las de Musa, y, más tarde todavía, las de Vetio Valente, médico famoso por su relación con Mesalina. El imperio de la medicina recayó en tiempos de Nerón en Tesalo, que abolió y condenó todo aquello que se había defendido hasta él. Su doctrina fue derrocada por Crinas de Marsella, que trajo la novedad de ajustar todas las intervenciones médicas a las efemérides y a los movimientos de los astros, comer, dormir y beber a la hora en que placiera a la Luna y a Mercurio. Su autoridad fue poco después suplantada por Carino, médico de esta misma ciudad de Marsella. Éste se opuso no sólo a la medicina antigua, sino también al uso de los baños calientes, público y habitual desde hacía tantos siglos. Mandaba bañar a los hombres en agua fría incluso en invierno, y sumergía a los enfermos en el agua natural de los arroyos.[65] Hasta la época de Plinio ningún romano se había dignado aún ejercer la medicina;[66] la practicaban extranjeros y griegos, lo mismo que entre nosotros, franceses, la practican latinizantes. Porque, como dice un grandísimo médico, no aceptamos fácilmente la medicina que entendemos,[67] como tampoco la droga que cosechamos.[68] Si las naciones de las que traemos el guayaco, la zarzaparrilla de México y la zarzaparrilla de China tienen médicos, ¿hasta qué punto pensamos que, por la misma recomendación de la extrañeza, la singularidad y la escasez, ellos celebrarán nuestras coles y nuestro perejil? ¿Quién osaría, en efecto, desdeñar cosas buscadas desde tan lejos, al azar de una peregrinación tan larga y tan peligrosa? Después de estas antiguas mutaciones de la medicina, ha habido infinitas más hasta llegar a nosotros, y la mayoría de veces, mutaciones completas y universales, como lo son las que efectúan en nuestro tiempo Paracelso, Fioravanti y Argenterio. Porque no cambian sólo una receta sino, según me dicen, toda la contextura y organización del cuerpo de la medicina, acusando de ignorancia y de engaño a quienes la han profesado hasta ellos. Os dejo pensar qué es del pobre paciente.