Los ensayos
Los ensayos CabrÃa asociar este relato a lo que hace poco vimos en uno de nuestros prÃncipes. Encontrándose en Trento, se enteró de la muerte de su hermano mayor —un hermano en el que radicaba el sostén y el honor de toda la familia— y, poco después, de un hermano pequeño, su segunda esperanza. Soportó las dos acometidas con ejemplar entereza. Pero cuando, unos dÃas más tarde, murió uno de sus hombres, se dejó arrastrar por este último infortunio. Abandonando su firmeza, se entregó al dolor y a los lamentos, de suerte que algunos concluyeron que sólo la última sacudida le habÃa afectado en lo vivo. Pero, a decir verdad, lo que sucedió es que, lleno y colmado de tristeza por lo demás, una mÃnima sobrecarga rompió los lÃmites de su resistencia.[5] Otro tanto podrÃa pensarse, a mi juicio, de nuestra historia, si no añadiera que Cambises preguntó a Psaménito por qué la desgracia de sus hijos no le habÃa conmovido y, en cambio, soportaba con tan poca entereza la de sus amigos. «Sólo este último dolor», respondió, «puede expresarse con lágrimas; los dos primeros rebasan con mucho cualquier posible forma de expresión».[6]