Los ensayos
Los ensayos Por lo demás, señora, no habrÃa osado remover con tanta audacia los misterios de la medicina, habida cuenta el crédito que vos y tantos otros le atribuÃs, si no me hubiesen conducido hasta ello sus mismos autores. Creo que no tienen más que dos antiguos latinos, Plinio y Celso. Si algún dÃa los miráis, descubriréis que hablan con mucha más dureza de su arte que yo. Yo me limito a pellizcarlo, ellos lo degüellan. Plinio se burla, entre otras cosas, de que, cuando se les acaba la cuerda, han inventado la magnÃfica escapatoria de remitir a los enfermos, a quienes han agitado y atormentado en vano con sus drogas y dietas, a unos al auxilio de los votos y los milagros, a otros a las aguas termales.[103] —No os enojéis, señora, no se refiere a las de aquÃ, que están bajo la protección de vuestra casa y son por entero gramontosas. c | Las montañas donde se asientan no truenan ni resuenan nada más que Gramont—. a | Disponen de un tercer tipo de escapatoria para echarnos y para librarse de los reproches que podamos lanzarles por la escasa mejorÃa de nuestras dolencias, a cuyo cuidado han dedicado tanto tiempo que no les resta invención alguna con la que entretenernos: es la de mandarnos a buscar el aire propicio de otra comarca. Señora, es ya suficiente. Permitidme recuperar el hilo de mi asunto, del que me habÃa desviado para dirigirme a vos.