Los ensayos
Los ensayos Pero continuemos con nuestro ejemplo sobre la traición. Dos pretendientes al reino de Tracia habían entablado una disputa acerca de sus derechos. El emperador impidió que tomaran las armas; pero uno de ellos, con el pretexto de sacar adelante un acuerdo amistoso por medio de una entrevista, citó a su compañero para agasajarlo en su casa, y lo hizo aprisionar y matar. La justicia exigía que los romanos vengaran el crimen; la dificultad impedía las vías ordinarias. Lo que no pudieron hacer legítimamente, sin guerra ni riesgo, se propusieron hacerlo merced a una traición. Lo que no pudieron hacer honestamente, lo hicieron útilmente. A tal efecto pareció adecuado un tal Pomponio Flaco. Éste, con promesas y garantías fingidas, atrajo a aquel hombre a sus redes, y, en vez del honor y del beneficio que le prometía, lo envió atado de pies y manos a Roma.[33] Un traidor traicionó a otro, en contra del uso común; porque están llenos de desconfianza, y es difícil sorprenderlos con su propio arte. La prueba está en la penosa experiencia que acabamos de vivir.[34]