Los ensayos
Los ensayos Lo digo en este momento porque no puedo librarme fácilmente de la importunidad de mi alma, por no saber ocuparse de ordinario sino en aquello donde encuentra dificultades, ni emplearse sino tensa y entera. Por más leve que sea el asunto que se le ofrece, lo agranda de buena gana, y lo extiende hasta el extremo de tener que aplicarse a él con todas sus fuerzas. Por tal motivo, su ociosidad es para mà una ocupación penosa y que daña mi salud.[3] La mayorÃa de los espÃritus necesitan de materia ajena para despabilar y ejercitarse; el mÃo la necesita más bien para asentarse y sosegarse —uitia otii negotio discutienda sunt[4] [se escapa a los vicios de la ociosidad con el trabajo]—, pues su principal y más laborioso estudio consiste en estudiarse a sà mismo. c | Los libros, para él, forman parte del género de ocupaciones que lo apartan de su estudio. b | Ante los primeros pensamientos que se le presentan, se agita y pone a prueba su vigor en uno y otro sentido, ejercita su gobierno a veces hacia la fuerza, a veces hacia el orden y la gracia, c | se ordena, modera y fortalece. b | Es capaz de despertar sus facultades por sà mismo. La naturaleza le ha concedido, como a todos, suficiente materia propia para serle útil, y bastantes objetos propios sobre los que inventar y juzgar.[5]