Los ensayos
Los ensayos Como alguien que no reclama que se me considere mejor de lo que soy, diré esto sobre los errores de mi juventud. No sólo por el peligro que hay c | para la salud —con todo, no supe hacerlo tan bien que no padeciera dos ataques, aunque leves y preliminares—, b | sino también por desdén, apenas me entregué a las relaciones venales y públicas. Quise avivar este placer con la dificultad, con el deseo y con cierta gloria. Y me gustaba la manera de proceder del emperador Tiberio, que se entregaba a sus amores más atraÃdo por la modestia y la nobleza que por cualquier otra cualidad;[41] y la inclinación de la cortesana Flora, que no se prestaba sino a dictadores, cónsules o censores, y que encontraba el placer en la dignidad de sus enamorados.[42] Sin duda, las perlas y el brocado algo contribuyen, y también los tÃtulos y la pompa. Por lo demás, yo tomaba muy en cuenta el espÃritu, pero a condición de que el cuerpo no dejara nada que desear. En efecto, para responder en conciencia, si hubiese tenido que faltar necesariamente una de las dos bellezas, habrÃa preferido renunciar a la espiritual. Su uso está en cosas mejores. Pero, en el amor, asunto que se refiere ante todo a la vista y al tacto, algo puede hacerse sin las gracias del espÃritu, nada sin las gracias corporales. La belleza es la verdadera ventaja de las damas. c | Es tan suya que la nuestra, aunque ansÃe rasgos un poco distintos, no alcanza su perfección sino confundida con la suya, pueril e imberbe. Se dice que, en casa del Gran Señor, quienes le sirven en virtud de su belleza, que son un número infinito, son despedidos, lo más tarde, a los veintidós años.[43] b | El razonamiento, la prudencia y los servicios de la amistad se encuentran mejor en los hombres. Por eso gobiernan los asuntos del mundo.