Los ensayos
Los ensayos Puede muy bien ir a pie, dicen, quien lleva su caballo cogido por la brida. Y nuestro Jacobo, rey de Nápoles y de Sicilia, que, hermoso, joven y sano, se hacía conducir por el país en parihuelas, echado sobre una miserable almohada de pluma, vestido con una ropa de paño gris y con un gorro de la misma materia, seguido, sin embargo, de una gran pompa real, literas, caballos de todas clases llevados de la mano, gentilhombres y oficiales, demostraba una austeridad todavía tierna y titubeante.[44] No debe compadecerse al enfermo que tiene la curación en el bolsillo. En la experiencia y el uso de esta sentencia, que es muy cierta, reside todo el provecho que extraigo de los libros. En efecto, casi no los utilizo más que quienes no los conocen. Me deleito con ellos como los avaros con sus tesoros, por saber que los gozaré cuando se me antoje. Mi alma se sacia y satisface con este derecho de posesión. No viajo sin libros ni en la paz ni en la guerra. Con todo, pueden transcurrir muchos días, y meses, sin que los emplee. Lo haré enseguida, me digo, o mañana, o cuando me plazca. El tiempo pasa y se va, mientras tanto, sin infligirme ninguna herida. Porque no puede decirse hasta qué punto me tranquiliza y descansa la consideración de que los tengo a mi lado para que me brinden placer cuando llegue el momento, y reconocer cuánta ayuda prestan a mi vida. No he encontrado mejor provisión para el viaje humano, y compadezco en extremo a los hombres de entendimiento que carecen de ella. Prefiero aceptar cualquier otra suerte de ocupación, por ligera que sea, dado que ésta no puede faltarme.