Los ensayos
Los ensayos Por propia voluntad, habrÃa evitado casarme aun con la sabidurÃa, si me hubiese querido. Pero, por más que digamos, la costumbre y el uso de la vida común nos arrastran. La mayorÃa de mis acciones se guÃan por el ejemplo, no por elección. Sin embargo, propiamente, no me invité yo; me llevaron, y se me condujo por motivos externos. Porque no sólo las cosas incómodas, sino incluso las más deshonestas y viciosas, y dignas de ser evitadas, pueden llegar a ser aceptables por alguna condición y circunstancia. Hasta tal extremo es vana la situación humana. Y se me condujo entonces, ciertamente, peor preparado y más reacio de lo que ahora estoy, tras haberlo probado. Y, aunque me consideren muy licencioso, en verdad he observado las leyes del matrimonio con mayor severidad de lo que habÃa prometido y esperado. No es ya momento de resistirse cuando uno se ha dejado atrapar. Debe preservarse prudentemente la propia libertad; pero, una vez te has sometido a la obligación, has de atenerte a ella, con arreglo a las leyes del deber común, al menos esforzarte en hacerlo. Quienes asumen este trato para comportarse en él con odio y desdén, obran de manera injusta e inconveniente. Y esta hermosa regla que veo que ellas se pasan de mano en mano, como un santo oráculo:
Sirve a tu marido como si fuera tu amo,
y guárdate de él como si fuera un traidor,