Los ensayos
Los ensayos Esta fiebre afea y corrompe todo aquello que, por lo demás, tienen de hermoso y de bueno. Y, de una mujer celosa, por más casta y buena administradora que sea, no hay acción que no huela a agrio e importuno. Se trata de una agitación rabiosa, que las empuja a un extremo del todo contrario a su causa. Fue notable lo que le sucedió a un tal Octavio en Roma. Tras acostarse con Poncia Postumina, creció su afecto, a resultas del placer, e intentó a toda costa casarse con ella; al no poderla persuadir, el extremo amor que sentÃa le precipitó a los actos de la más cruel y mortal enemistad: la mató.[146] De igual manera, los sÃntomas habituales de esta otra enfermedad amorosa son odios intestinos, complots, conjuras,
notumque furens quid faemina possit,[147]
[y se sabe de qué es capaz una mujer furiosa],
y una rabia que se atormenta tanto más cuanto está obligada a excusarse con el pretexto de la benevolencia.