Los ensayos
Los ensayos LOS CARRUAJES
b | Es fácilmente verificable que, cuando los grandes autores escriben sobre las causas, no sólo emplean las que consideran verdaderas, sino también aquellas en las cuales no creen, con tal de que las asista cierta invención y belleza. Hablan con suficiente verdad y utilidad si hablan con ingenio. No podemos estar seguros de la causa principal; reunimos unas cuantas, a ver si por azar es una de ellas:
namque unam dicere causam
non satis est, uerum plures, unde una tamen sit.[1]
[y no basta con decir una sola causa; deben decirse
varias, entre las cuales una sea la verdadera].
¿Me preguntáis por el origen de la costumbre de bendecir a quienes estornudan? Producimos tres clases de vientos: el que se expele por debajo es demasiado sucio; el que se expele por la boca comporta cierto reproche de glotonería; el tercero es el estornudo, y, dado que procede de la cabeza y está libre de censura, le brindamos una acogida conveniente. No os burléis de esta sutileza. Es —según se dice— de Aristóteles.[2]