Los ensayos

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Vuelvo a mi asunto. Hay pueblos b | en los que, salvo su esposa y sus hijos, nadie habla al rey sino por cerbatana.[21] En una misma nación, las vírgenes enseñan sus partes pudendas, y las casadas las cubren y esconden con sumo cuidado. Guarda alguna relación con esto una costumbre que se da en otra parte: la castidad sólo se aprecia al servicio del matrimonio, pues las jóvenes pueden entregarse a su antojo y, si están encintas, producirse abortos con medicamentos apropiados, a la vista de todo el mundo. Y en otro sitio, cuando un mercader se casa, todos los mercaderes invitados a la boda se acuestan con la esposa antes que él —y cuantos más son, más honor y más reputación tiene ella de firmeza y capacidad—; si se casa un funcionario, lo mismo; lo mismo si es un noble. E igualmente los demás, salvo que se trate de un campesino o de alguien del pueblo bajo, porque entonces es el señor quien actúa —y, aun así, no dejan de recomendar estrictamente la fidelidad durante el matrimonio—. Hay sitios donde se ven burdeles públicos de varones, e incluso matrimonios; donde las mujeres van a la guerra junto a sus maridos y tienen rango no ya en el combate sino incluso en el mando. Donde no sólo se llevan los anillos en la nariz, en los labios, en las mejillas y en los dedos de los pies, sino varillas de oro muy pesadas a través de los pezones y las nalgas. Donde, al comer, se limpian los dedos en los muslos y en la bolsa de los genitales y en la planta de los pies. Donde los hijos no son los herederos; lo son los hermanos y sobrinos; y en otros lugares únicamente los sobrinos, salvo en la sucesión del príncipe. Donde, para ordenar la comunidad de bienes que se observa, ciertos magistrados supremos tienen a su cargo todo el cultivo de las tierras y la distribución de los frutos, según la necesidad de cada uno. Donde se llora la muerte de los niños y se festeja la de los ancianos. Donde duermen en las camas diez o doce juntos con sus mujeres. Donde las mujeres que pierden a sus maridos por muerte violenta pueden volverse a casar, las demás no. Donde se estima en tan poco la condición de las mujeres que se da muerte a las hembras que nacen y se compra mujeres a los vecinos para cubrir las necesidades. Donde los maridos pueden repudiar sin alegar causa alguna, las esposas no, por ninguna causa. Donde los maridos tienen derecho a venderlas si son estériles. Donde hacen hervir el cuerpo del fallecido y después lo trituran, hasta que se forma como un caldo que mezclan con el vino y lo beben. Donde la sepultura más deseable es ser comido por los perros; en otras partes, por los pájaros.[22] Donde se cree que las almas felices viven con plena libertad en campos deleitosos, provistos de todas las comodidades, y que son ellas las que producen el eco que oímos. Donde luchan en el agua y disparan certeramente sus arcos mientras nadan. Donde, en señal de sometimiento, hay que alzar los hombros y bajar la cabeza, y quitarse los zapatos al entrar en la residencia del rey. Donde los eunucos que custodian a las religiosas no tienen tampoco nariz ni labios, para que nadie pueda amarlos; y los sacerdotes se arrancan los ojos para tener trato con los demonios y recibir oráculos. Donde cada cual convierte en dios aquello que se le antoja, el cazador el león o el zorro, el pescador cierto pez; y convierte en ídolos cada acción o pasión humana. El sol, la luna y la tierra son los dioses principales; la forma de jurar es tocar el suelo mirando al sol; y comen la carne y el pescado crudos.


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